Posteado por: Matilde Amorell | Mie 7 septiembre, 2011

inseguridad

Unas semanas después de dar a luz, mi esposo aún de permiso, tiene que ir unas horas en la tarde a la oficina a coordinar algunas cosas. Me quedo sola con mi bebe en la casa. Tranquilitos los dos haciendo lo que ya nos estamos acostumbrando a hacer todos los días: Amamantar, cambiar pañales, arrullar.

En el medio de mi proceso, mientras disfrutaba de la intimidad con mi bebe, comienza el sonido desesperado del timbre de la casa, seguido del toque violento de la puerta y unos gritos que me ordenaban que la abriera. Todo al mismo tiempo, pienso al oír el timbre desesperado que es mi mamá en emergencia, cuando empieza la puerta, reconstruyo mis pensamientos y me digo que la cosa es más grave, inicia el susto. Cuando escucho los gritos, por dos segundos me paraliza el pánico y me devuelvo a buscar el teléfono celular. Intento razonar las palabras que escucho a gritos: “Señora abra la puerta o la tumbamos!!!”.

Inmediatamente pienso en Dios: Por qué me tiene que pasar esto a mi? en este momento?. Sin que los gritos se detengan, llamo a mi esposo. Por supuesto, no contesta el celular, no contesta la oficina, no contesta. Pienso: la reja esta abierta, la puerta sin el multilock. Me lleno de coraje para preguntar: “quién es? qué quiere?”. Me responden con furia: “La PTJ, abra la puerta o la tumbamos”. Llena de valor, agarro las llaves, les digo que en un momento, meto la llave en el multilock, cierro y me alejo corriendo.

Logro que contesten en la oficina de mi esposo, quien no entiende mis palabras, atina a montarse en un mototaxi para llegar cuanto antes. Yo, llamo a la Policía Municipal, mientras rezo todas las oraciones que me sé. Mi hijo duerme plácidamente sin enterarse del terror en el que se encuentra su mamá. Agarro pañales y me encierro en el cuarto, pienso que si derriban la puerta de la casa, pues tendrán que derribar la del cuarto también para llegar a mi y a mi bebé.

A los gritos en el exterior, se unen los de una vecina que asegura ser la presidenta de la Junta de Condominio. Sólo puedo imaginar la pobre señora siendo apuntada con una pistola. No importa quién este afuera, no voy a abrir esa puerta. Le pido a Dios que podamos salir de esta situación sin mayores inconvenientes, que mi esposo no se encuentre con delincuentes. De ser ese el caso, cómo pudieran reaccionar.

Finalmente, oigo que entran a la casa, tocan la puerta del cuarto. Es mi esposo pidiéndome que me calme, que necesita mi cédula. Efectivamente eran funcionarios del CICPC, quienes casi me provocan un infarto.

Esa noche soñé que caían meteoritos en la ciudad, yo estaba en un edificio muy alto, sin poder encontrar a mi bebé en el apartamento, mientras veía aquellas cosas caer y a mi esposo a lo lejos en un estacionamiento.

 

 

 

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