Posteado por: Matilde Amorell | Lun 15 noviembre, 2010

fan club

Siempre he cuestionado mi poca capacidad para ser fanática. Esa capacidad que tienen muchos de ser admiradores o seguidores de algo o alguien, de lo cual se vuelven unos expertos. Si es de un cantante, conocen los nombres con los que los bautizaron, cuales son sus mejores éxitos, el nombre de todos sus discos, cuantos hermanos tienen, etc.

Cuando comenzó mi adolescencia, me gustaba mucho: Madonna y Michael Jackson; y ver: Saved by the Bell y Beverly Hills. Mis primeros discos de acetato, excluyendo los infantiles (Enrique y Ana, Quico y los Cuentos y Canciones de Cricri) fueron los de Madonna Mix y Thriller de Michael Jackson. Pero más que saberme las canciones, no sabía más nada de ellos. Mi primer CD fue la edición especial del disco Dangerous de Michael Jackson, me aprendí todas las canciones, porque el librito con las letras era toda una novedad, igual que el poder poner pausa y continuar sin el molesto ruido del cassette. Pero luego no compré más sus discos ni me interesé mucho más por él.

En la época de Saved by the Bell, me sentía enamorada del para entonces famoso Zack Morris. Llegue a tener algún poster pegado a la pared, junto al de Brandon de 90210. En una oportunidad, una querida amiga y yo, fuimos un poco más lejos, y le escribimos una carta a Zack Morris (Mark Paul Gosselaar). Esperamos su respuesta con mucha ansiedad, especulando lo que nos podía escribir o si nos mandaría una foto suya autografiada. Tanto nadar, para morir en la orilla con un golpe de realidad, cuando nos contesto la administradora de su Fan Club para invitarnos a pertenecer al mismo, por una módica cantidad de dólaritos. Oh! decepción Oh!. El tipo ni firmó la carta. Probablemente no la haya tenido ni cerca. Quizás ni sabía de la existencia de ese fan club.

Sin embargo, no creo que eso haya afectado mi capacidad para hacerme fanática, porque creo que simplemente fue con algo que no nací. Reconozco que nunca me he dedicado en saber demasiado de alguien o de algo. A veces llego a envidiar la capacidad de la gente que lo hace, porque hay una clase de fanáticos que respeto, los que se dedican a investigar sobre aquello que les gusta, se convierten en unos expertos, saben los datos más interesantes de la materia. Otros me parece pasan a ser zombies con un buen lavado de cerebro, incapaces de tener un criterio propio, porque los raspan en cualquier examen básico del fanatismo que practican. A esos últimos no los quiero ni cerca. Son coleccionistas de frases repetidas y discursos trillados.

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