Posteado por: Matilde Amorell | Jue 7 octubre, 2010

humor 0

 Son esos días que no tienes ganas de hacer absolutamente nada. Pestañear implica un esfuerzo. Respiras porque es automático del cuerpo. Me hubiera quedado en mi casa durmiendo todo el día.. feliz. Quizás me quede sólo este poquito de voluntad para quejarme. Hasta comí poco, deje el postre. Lo que me provoca es llegar a la casa para aterrizar en la cama, directo hasta mañana. Tan sólo pensar en las cosas que quedan por hacer en el día me da flojera. Quedan tres horas para liberarme del yugo del horario. Todavía unas cuantas más hasta llegar a la meta: enrollarme en mis sabanas.

Puede ser posible que uno sea tan flojo. Siento que ayer exprimieron mis energías. Menos mal que la noche anterior a esto dormí como 9 horas. Que si te pones a ver, tampoco es que sea tanto. Una piche hora más de lo reglamentario. Pero como uno se acuesta a las 8pm se siente marciano.

Mi doctora dice que me tome el descanso prenatal. Como es la costumbre, quería acumularlo para estar el mayor tiempo posible con el bebé luego de nacido. Pero este es uno de esos días, que le preguntaría a la doctora que si no lo puedo tomar desde ahora, mañana mismo póngame de reposo. Luego resolveré como me quedo más tiempo con mi  hijo.

Me acaba de venir a la cabeza una idea relampagueante que me asusta. Será que cambié la meta de mi destino, ya el éxito profesional no es una prioridad, ahora quiero ser una sencilla mamá. Quizás eso es lo que me tiene como un gato encerrado en la oficina. Apenas es algo que acaba de cruzar mi mente.

Evaluando las actitudes de mi esposo, comparándolas con las mías, puede ser. La futura paternidad le ha pegado por trabajar más. Como natural proveedor, supongo que esta intensificando su función. Pero la futura maternidad a mi me da por otro  lado. En vez de producir más lo que he hecho es consumir más. Querer arreglar la casa. Será el “síndrome del nido” que se me ocurrió leer por ahí que existía. La verdad, no sé por donde me ha dado la futura maternidad, pero me ha cambiado.

Mi esposo repite “ahora somos tres“. Ahora somos tres. Nuestra vida cambió para siempre. No sólo es preocuparnos por nosotros mismos. Preocuparnos el uno por el otro. Ahora hay un tercero del que preocuparse. Empieza uno a preocuparse por uno mismo en función de este nuevo tercerito. He renunciado a algunos de mis platos favoritos, he cambiado la forma de dormir, mi cuerpo no es el mismo, no creo que vuelva a hacerlo (tengo el secreto deseo que cambie para mejor), renuncié a los tacones… y quizás a otras cosas que aún no he contabilizado.

Por supuesto vale la pena 100%. Aún estos días de humor 0, no lo dudo ni un segundo. No me importa ni un poquito.

Pero porque días como estos existen. Debería haber un par de días al mes, a los que uno tenga derecho de faltar en el trabajo sólo Porque Si. Sin constancias médicas, ni llamadas de disculpa. Simplemente no tenía ganas de venir. Si te pones a ver, un trabajador motivado es mucho más efectivo que uno que esta por cumplir horario, haciendo lo que tiene que hacer porque no le queda más remedio.

Mañana amanezco de mejor humor! Me lo prometo! Se lo prometo a mi tercerito que no tiene la culpa!

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