Posteado por: Matilde Amorell | Mar 7 septiembre, 2010

el mal humor

Hay días que uno amanece que no quiere al mundo. No quieres que te hablen, ni que te miren. Te cae mal todo el que pasa a tu lado. Nada te parece gracioso. Los que te rodean llegan a parecerte  fastidiosos y tontos. Te atormentan con sus cotidianidades, las que el día de hoy no te interesan en lo más mínimo. Que cara es la que tengo que poner para que entiendas que no quiero escuchar, nada.

Esos días uno debería quedarse en casa invernando. Conviviendo con los personajes de la televisión. Eliminando cualquier posibilidad de gruñirle a algún descuidado que no se ha dado cuenta del mal humor irracional que hoy cargas.

Por supuesto, le echarás la culpa a las hormonas, quizás a Mercurio retrogrado que todo lo echa a perder, al pie izquierdo con el que te levantaste. Quizás es porque es lunes, el día de la semana más detestado o miércoles, el más atravesado. Lo cierto, es que no es tu culpa tu infortunado humor. Tampoco es tu culpa que justo hoy, los de tu alrededor les haya dado por ser más tontos de lo normal.

Es preferible quedarse en casa, encerrado en sus cuatro paredes, para no herirle los sentimientos a nadie. Para que nadie se vea importunado con tus malas contestaciones, tus monosílabas, ni tu falta de hilaridad en la conversación.

Por eso, como tercero, hay que estar atento a encontrarse con alguno de estos personajes. Saber tomar distancia, no buscarle conversación, ni preguntarle acerca de su raro cambio de carácter. “Qué te pasa” son tres bombas de tiempo con las que no quieres jugar. Es mejor dejar a estos personajes tranquilos en la distancia, que se acerquen solos como los perros que ponen su hocico en tu regazo buscando cariño. De otra forma, ignorarlos es lo mejor.

Ese mal humor incontrolable, eventualmente pasa, puede ser que lo desahogues con algún desprevenido ser humano, que lo llores o que sencillamente pase como una nube gris que simplemente pasa efecto del viento que sopla.

Esos días suele ser difícil hasta vestirse. Imagínense encontrarse a alguien que te critique la gordura. Sería como meter la cabeza en la boca del león, para luego jugar con la campanita de su garganta, mínimo estornudando se queda con tu cabezota metida en una muela.

El chocolate suele ser un buen amigo, pero ni sus mágicos efectos te saca de tu gruñón estado. Quizás una buena sesión de Friends ayude a distraer la mente. Para mi es un buen antídoto, ni te das cuenta cuando te estas riendo por estupideces que no son tuyas, ni tienen que ver contigo. Toda una maravilla. Te saca una hora de la realidad pedante en la que andabas, tanto, que a veces resulta difícil volver a ella.

Lo repito, no es mi culpa  estar así. Estoy segura que son las hormonas. Tampoco es que disfrute estar en este estado de mal humor. Se me arruga la frente. Tengo que forzar la sonrisa. Nada en el mundo me complace. Por lo menos espero mañana no amanecer así.

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