Posteado por: Matilde Amorell | Sab 26 junio, 2010

probando, probando 1-2-3…

El sábado pasado nos prestaron a mi sobrino para que probáramos como era ser padres de un niño de 2 años. La experiencia fue maravillosa. Primero, no lloró por quedarse con nosotros y sin la mamá, cosa que me tenía bastante preocupada. Dejó que lo cargara, nos montamos en el carro y se vino tranquilo comiendo caramelos. Nos convido a todos, a mí, su tío y a Pipo, su perro de peluche.

Luego llegamos al parque, comenzando así la emoción. Por supuesto, ni el carrito, contenedor de los caramelos agotados, ni Pipo se podían quedar en el carro. Todos tenían que venir a jugar al parque. Encantado viendo a su alrededor, los corredores que nos pasaban por al lado, los muchachos jugando pelota, los niños en bicicleta, otros niños con pelotas, todos eran promesas de gran diversión. Pero se dejó guiar al campo para adquirir una pelota propia.

En el camino descubrió los patos, a quienes vio extasiado por largo tiempo. Finalmente, con su pelota propia, pudimos continuar el camino, siempre con cierto peligro que le tirara la pelota a los patos por querer compartir con ellos, nunca para hacerles daño.

Siendo que le llamaba la atención tanto los pájaros que veía por los árboles, decidimos llevarlo a la jaula de los loros, guacamayas y demás aves. En el camino nos encontramos con par de niñitas jugando Ula-Ula. “Que cosa más exótica” habrá pensado mi querido sobrino. Afortunadamente, tanto la madre como las niñas eran bastante amigables, así que la más grande se prestó para darle una demostración. Su cara era de fotografía, muerto de la risa e imitando la meneada que hizo la niña. Luego de estar un rato entretenidos, continuamos nuestro camino.

En esta oportunidad nos encontramos con un niño, un bate  y una pelota. Nuevamente muy amigable, le prestó toda la indumentaria e intentamos enseñarle como se usaba un bate. Aunque tenía las nociones básicas, lo usaba como un palo de golf. Pero igual significó mucha risa y diversión. Incluso para el niño que estaba prestándonos todos sus juguetes.

Continuamos para poder ver su cara de éxtasis frente a los numerosos pájaros frente a él. Reconoció al búho, al loro y a la guacamaya. A todos quiso prestarles la pelota. Luego de cumplida nuestra misión de mostrarle los pájaros, continuamos en la búsqueda de un espacio de grama con sombra para descansar un poco, nos encontramos con un columpio en el camino. Por supuesto quiso montarse. Lo acompaño Pipo. Muy divertido estuvo por largo rato columpiándose.

Finalmente quiso bajarse y considerando la hora, decidimos irnos para darle de comer. Llegamos a la casa para el baño respectivo, porque toda la diversión en el parque significó tierra hasta en los pañales. Costó un poco meterlo al agua, pero después de algunos instrumentos como jabones de colores logramos que se quedara contento bajo el agua. Limpio y con pañal nuevo nos acostamos los tres en la cama a ver televisión y probar si comía algo. Al principio se negó, pero finalmente el hambre debe haber ganado, además de una gelatina que le pico el ojo desde lejos, comió un poco de la lonchera que su mamá le había preparado.

Estuvimos los tres en paz acostados en la cama, muertos de la risa con las ocurrencias del sobrino, sus cariñitos con los piecitos, sus ojitos buscando diversión. Hasta que decidimos vestirnos y llevarlo a una juguetería.

Muy bien portado con la mano bien agarrada a la de su tío, caminó de la casa hasta el centro comercial. Entrando en la juguetería se soltó. Nuestra idea era que él solito nos dijera cuál era el juguete de su preferencia. Nosotros queríamos comprarle un dinosaurio interactivo, pero teníamos un poco de duda, pensabamos que quizás le daría miedo. Efectivamente no fue de su predilección. Al principio se encantó con un tren que rodaba y tocaba la corneta. Luego se enamoro de un micrófono que le apretabas un botón y decía: Siii!! vamos a cantar!!! y comenzaba a cantar canciones de niños. Ese fue el ganador.

Justo en ese momento llegó su mamá a buscarlo. Con micrófono en mano lo entregamos a su progenitora quien estaba encantada de verlo. Nosotros felices, pero agotados. Él quedó viéndonos de lejos. Creo que lo hicimos bien. Quedo demostrado que podemos ser papás. Por lo menos por un día. Y que necesitamos mucha energía para eso.

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