Posteado por: Matilde Amorell | Vie 28 mayo, 2010

el hambre

No se puede decir que uno pase hambre, sería injusto con las personas que realmente no tienen que comer. La verdad es que uno sufre es de gula crónica. Sin embargo, sientes ese vacío en el estómago, ese retorcijón que pide alimento y dices: Que Hambre!. Pero vamos, sabemos que no es que pasa un hígado encebollado o unos sesos con limón y nos lo zampamos. Si, si, me muero de hambre, tengo ganas de comer sushi, un carpaccio de lomito. Me comería un chocolatico, un helado de 4D. Tenemos hambre selectiva, gustos exquisitos.

Cuando me quejaba por hambre, mi abuelito siempre me decía: cuando hay hambre no hay pan duro. Porque bastaba que me quejara de hambre para que me quisieran atapuzar una crema de cualquier verdura que por supuesto odiara. Aún cuando hicieron su intento, no lo lograron, la gula crónica vive en mi. Es la que me sabotea toda dieta que intento hacer. Es la que autoriza a que compre Torontos para poner en el bol de la sala, que todo el mundo sabe que sólo yo voy a comer. La que mete la Nutella en el carrito del supermercado porque vamos a hacer creps alguna de estas mañanas o con la escusa que una de estas tardes me visita mi sobrina putativa, pero luego deja que me la coma a cucharadas yo sola, dejando las paredes bien cubiertas para que mi esposo no sospeche.

La gula crónica es mi peor enemigo. Es el monstruo escondido en mi closet, que me jala los pies en las noches, lo veo en mi hombro izquierdo diciendo: come, calorías, come. Ese un bicho que afecta a todos. A mi esposo cuando llega del trabajo, no le permite esperar que prepare algo, porque lo hace abrir compulsivamente paquetes de galletas de soda que él cree que no le van a engordar. Luego, igual se come lo que preparé.

Definitivamente a todos nos afecta. Para mi es como una sombra que siempre esta allí, persiguiéndome. Que hace que me provoque estar picando algo rico todo el tiempo. Dígame si es viernes. El viernes es la mejor escusa, como si toda la semana me porte bien y merezco un premio. El viernes puedo almorzar una hamburguesa con papas fritas, sólo porque es viernes.

Igual monstruo es el sentimiento de culpa, sólo refieriéndome al que tiene que ver con los alimentos. En un restaurant pido un plato de pasta con el remordimiento de conciencia equivalente a quien estuviera matando a alguien. No sé de donde saque ese sentimiento hacia la pasta. Menos remordimiento me da comerme una torta de chocolate. Pero un plato de pasta, siento que estoy cometiendo un delito flagrante. Ni Mc Donalds me remuerde tanto. Algún nutricionista me debería explicar con gráficos lo descuadrada que esta mi mente a este respecto.

Culpo a las modelos escuálidas. Éstas escuálidas de verdad sin un gramo de grasa, presentándose ante nosotros en vallas, revistas, televisión. Son peor que los dos monstruos juntos. Es más, son las mamás de los dos monstruos, de la gula crónica y del remordimiento de conciencia. Las originadoras reales de nuestros complejos locos. Porque si no estuviéramos tan preocupadas, aún en un nivel inconsciente, de vernos como ellas, esos monstruos no vivirían en nuestras cabezas, no tendrían como alimentarse.

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