Posteado por: Matilde Amorell | Jue 6 mayo, 2010

mi nombre es matilde y no soy una trabajoholica

Pues si chica! no puedo quedarme 10 horas en la oficina trabajando. Mis 8 horas son mas que suficientes. Me gusta ser eficiente y trabajar rápido. No ser de las que se tienen que quedar hasta tarde, hasta que se haga de noche para justificar lo eficientes que son, lo entregados. No! no me gusta darme golpes de pecho mas que una que otra vez en la iglesia.

Eso de estar compitiendo con los demás compañeros de trabajo me mata del aburrimiento. Estar pendiente de ver como el otro trastabilla para salir heroico a lucirse, no va conmigo. Cada quien en lo suyo chica, si te puedo ayudar te ayudo, si me puedes ayudar ayúdame, prefiero el trabajo en equipo.

Peor me cae la actitud de superioridad de las personas, que creen que sin ellas el mundo no se mueve, la oficina se paraliza. Son mejores que el jefe, saben más que el jefe del jefe, el jefe del jefe del jefe no sabemos qué se cree porque no respeta.

No hay tal indispensabilidad. Te vas de un trabajo y queda funcionando igual, quien sabe si mejor. Cualquier otro llega a ocupar tu lugar, no será como tú, tendrá otros ritmos, pero el trabajo sale, poco a poco se van olvidando de ti. Primero fuiste una traicionera porque dejaste a todo el mundo entendiendo. Pero vamos! cuánto tiempo puede durar ese sentimiento? poco a poco son 5 minutos, 20 máximo.

Dígame cuando llega uno a una oficina nueva. Todas las  arpías salen al ataque. Protegen a “sus” hombres. Te odian de gratis, sólo porque eres nueva, no te hace falta más ningún requisito. Simplemente, aparecer con tu cara muy lavada sin saber los procedimientos, aprendiendo los nombres, con una sonrisa amigable para no caer pesado. Pero los esfuerzos son vanos, de nada sirve ser simpática, agradable, distante o seria, cualquier cosa que hagas esta predestinada a la crítica. Si contestas, quién te pregunto, si no contestas, esta tipa no sabe donde esta parada, no hay manera de ganarla, es una energía perdida.

Las mujeres somos las más difíciles, las que tratan de marcar las diferencias: que quede claro, tú recién llegada, yo antigua (porque vieja tampoco), que no pretendas venir a bajarla a ella de su trono, de su pedestal frente a los demás. La novedad no es bien recibida entre las mujeres, a menos que se trate de un modelito Abercrombie bien perfumado. Adicionalmente, está el tema hormonal que fastidia de gratis.

Hay personas que pierden la vida en la oficina, no se casan, no tienen familia o la pierden, descuidando a sus hijos, a sus parejas, pasan tanto tiempo en el trabajo que se enamoran de sus colegas. Le otorgan prioridad al trabajo, pero la vida les cobra duro, luego se ven viejos con grandes cargos (los que tienen suerte) pero solos. Ni en la oficina le reconocen su dedicación, son capaces de decirles que a ellos nadie se los pidió.

Uno lo puede ver en los ranking de “los mejores abogados con menos de 40 años” no son muchas las mujeres que están en ese listado. Por lo general, las mujeres que llegan no tienen familia. Pero claro, si tuviste un bebé a los 25, tuviste que ausentarte de tu trabajo unos cuatro meses en tus reposos post-prenatales, luego estuviste pendiente de irte temprano para poder amamantarlo, buscarlo en la guardería, tuviste que pedir permiso porque se enfermo, hay que llevarlo a ponerle las vacunas, entre otras ocupaciones de su nuevo cargo. Ésta mamá es difícil que esté en el ranking. Así que eso le da más chance a los hombres.

Cuando digo estas cosas, temo que mis interlocutores piensen que no tengo ambición, que nada me importa. No pudieran estar más lejos de la realidad, para mi eso no tiene que ver, mis logros son individuales, igualmente mi aprendizaje, no tiene que ver con el desprestigio de los que están a mi alrededor. Vive y deja vivir, trabaja y deja trabajar. Los amigos que me queden son mis recompensas, el interés de esas personas por mi bienestar y yo por el de ellos. Considero que me han quedado grandes amigos en las oficinas donde he trabajado, no tengo que hablar con ellos todos los días, pero en los momentos importantes nos hemos acordado los unos de los otros. Que mejor sorpresa me dio mi amiga cuando el día de mi matrimonio me envío un mensaje que se estaba comprando un apartamento. Que rico fue contestarle con mis novedades, las dos estábamos en la cumbre y nos teníamos presente.

La vida no puede ser sólo trabajo. El éxito profesional no puede significar el fracaso familiar. Definitivamente en el equilibrio esta la clave del éxito.

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Responses

  1. No puedo estar mas de acuerdo contigo!
    Siempre he sido fiel creyente que irte puntual a la hora de salida de la oficina no significa que seas floja o descuidada sino por el contrario eficiente, porque terminas a tiempo todos tus deberes.
    Definitivamente, por lo menos en el caso de las mujeres, las prioridades claramente cambian en la vida. Los sueños de grandeza profesional que teniamos de chamitas se convierten en buena proporcion en sueños de ser la mejor mama y esposa y para eso hay que sacrificar un poco lo profesional…me parece que son logros igual de validos. Si me preguntas a mi, no cambio por nada mi exito familiar y personal por los sueños de grandeza profesional, gracias a d_os he tenido un poco de los dos mundos. Asi me siento feliz 😉

    • Esto me recuerda cuando fuimos a celebrar al CSI nuestro primer millón!!! jajaja…


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