Posteado por: Matilde Amorell | Lun 12 abril, 2010

en el parque

Nos levantamos en la mañana y salimos caminando al parque para hacer un poco de ejercicio en medio de la poca naturaleza que queda en una ciudad como Caracas. En el parque nos conseguimos con cualquier cantidad de personas y situaciones que comentar.

Nuestro primer encuentro (saltándonos los inconvenientes del camino como alcantarillas desbordándose con mucha basura mal oliente alrededor, aceras rotas y carros en cola para entrar al parque) son las personas que se sientan en la cafetería a conversar luego de haber realizado sus actividades de ejercicio en el parque, asumo yo pues la mayoría tiene la mejor indumentaria deportiva encima. Bastantes de ellos son personas mayores, al resto les digo “personas con mucho tiempo” o muy bien organizadas.

Comienzo mi camino, viendo a los lados mamás sentadas con sus bebes tomando sol, novios besándose en las raíces de los árboles, boyscouts reunidos, entre otros grupos. Además me consigo con las canchas de basket y futbolito que siempre están llenas de personas jugando divertidamente. 

Luego uno agarra la ruta de las caminerías de tierra para disponerse a quemar calorías. En esta ruta siempre me encuentro, en un rinconcito donde hay unas barras, a unos hombres musculosos con camisas prestadas de los hermanitos menores hablando paja. Pocas veces los he visto utilizando las barras para otra cosa que apoyarse. Me llama la atención el asunto de las mini camisitas, será como un complejo de Hulk o una afirmación tipo “mis músculos no caben en ninguna camisa“.

Sigo mi recorrido, consiguiéndome con diversos grupitos de personas, muy dispuestas ellas, con un ritmo de trote similar entre ellos pues entrenan juntos, que me pasan a gran velocidad. La mayoría de estos grupos son personas bien parecidas y bien vestidas. Por lo general hay un rezagadito o rezagadita.

Después me tropiezo con el grupo de rezanderos que utilizan lo último en tecnología (reproductor a batería y altavoz)  para dar la palabra del Señor. Este grupo esta comprendido principalmente por muchas mujeres y niños, y alguno que otro hombre. Nunca faltan. A veces reparten panfleticos.

Mas adelante, te encuentras con unos señores tratando de sacar lo mejor de las artes marciales, creo que es taichi lo que practican, hasta que de vez en cuando me sacan los abanicos de lokomia y me quedo entendiendo.

Sigo trotando hasta llegar a la Concha Acústica donde gran grupo de personas se congregan a sandunguear para ponerse en forma.  “Variedad de fauna” diría mi mamá.

A estas alturas del camino, me he tropezado con mujeres que vienen a trotar más maquilladas y perfumadas que yo el día de mi matrimonio, y con otras muchachas que vienen a pasear con sus novios muy entaconadas sufriendo los desniveles del camino.

Contenta porque estoy próxima a llegar a mi parte favorita del parque, me tropiezo con los niñitos chiquitos que se atraviesan en el camino tambaleándose mientras aprenden a caminar o en su carritos de juguete muy afanados. Se olfatean algunos olores desagradables y/o exóticos provenientes de unos árboles que se encuentran en ese sector, del cafetín de ese lado del parque o de las personas que tienen un poco más tiempo que yo haciendo ejercicio… y llego a mi parte favorita.

Atravieso el campo muy contenta, poniendo la música de mi reproductor un poco más alta, disfruto de los árboles, la yerba alta en las pantorrillas, veo como juegan futbol algunos que ya me han visto a punto de caer después de tropezarme con las raíces de los árboles. Veo la cama de florecitas amarilla que deja un Araguaney a mi derecha, para cruzar a la segunda parte del campo donde practican los que juegan frisbee (¿cómo se llamará ese deporte?). Ojo es una práctica seria que yo confundía con una práctica de futbol, pensaba que era para agudizarle los sentidos a los jugadores, como si yo supiera algo de eso. Total que continúo mi camino para llegar a los arboles de flores redondas y las ardillas!!! Mis amigas las ardillas me recuerdan a mi infancia, ¿cómo era que lograba darles comida en la Plaza Bolívar del centro de Caracas? Amo las ardillas casi tanto como a las perezas.

Feliz porque estoy por terminar mi agotador recorrido, veo el proyecto de barco que están construyendo y decido pensar en otra cosa, veo los monos jugando, mi amigo el jaguar inquieto en la puerta de su jaula, una trotadita mas y llego a mi meta. A veces con ganas y fuerzas para seguir trotando, otras con la lengua afuera y deseando que esté  mi sudado esposo muy satisfecho por su ejercicio dispuesto a irse.

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Responses

  1. Al leer esto, recorrí el parque con ustedes.

  2. babe , se que haces la vuelta grande no por lo que describes en el tour sino porque vamos juntos y se que son todas esas las cosas que comentamos cuando vamos juntos. Te amo


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